¿Es malo en economía especular? – Por Franco Tealdi

Franco Tealdi
Área de Estudios Económicos
Fundación LIBRE

En momentos de crisis como los que atravesamos los argentinos en estos días, empiezan a florecer actores económicos que son blanco de las más diversas e injustas calumnias por parte de quienes gobiernan, esto es, por parte de los responsables principales del estado actual de las cosas. En estas líneas me quiero detener y ocupar del más acusado y odiado de todos: el especulador.

Primero que nada, debemos preguntarnos: ¿En qué consiste especular? Partamos de la definición dada por un economista keynesiano, y premio Nobel, como Paul Samuelson: “La especulación consiste en la compra de una mercancía con la idea de venderla más tarde, con el fin de obtener un beneficio. Los especuladores no tienen interés en utilizar el producto o en hacer algo con él, solo quieren comprar barato y vender caro”. Hasta acá no parece nada del otro mundo, sino una mera acción lógica de cualquier individuo, desde el más pequeño comerciante hasta el más grande empresario. Pero yendo un poco más profundo, lo que no todo el mundo conoce es el papel clave que estos seres demonizados, los especuladores, juegan en los mercados.

Las actividades de los especuladores son de fundamental importancia para los “no especuladores”. ¿Por qué? Simplemente porque son aquéllos los que compran cuando todos desean vender, y viceversa.

Supongamos una extraordinaria campaña agrícola, debido a condiciones climáticas, generan un momentáneo exceso de oferta de un bien determinado. En un mercado bajo el esquema productor-consumidor, todo ese excedente generado simplemente se desecharía, generando una avalancha de vendedores deseosos de colocar su producción antes de que se agote la demanda, provocando así una estampida en los precios y consecuencias devastadoras.

En un mercado libre, ese exceso de oferta genera que los precios bajen hasta cierto punto, en el cual, aparecen especuladores dispuestos a arriesgarse a comprar esos excedentes y acaparar, no con el afán de consumo, sino de obtener un beneficio en el momento que los precios suban y vuelvan a la normalidad, especulando quizás, que en la próxima campaña el clima se normalizará, o bien, el precio bajo incentivará a los productores a cosechar otro producto reduciendo así la oferta del bien en cuestión. Una vez suceda esto, los especuladores buscarán hacer efectivo su beneficio, contribuyendo a generar oferta en un contexto donde ésta claramente tenderá a bajar.

Este sencillo ejemplo muestra cómo de la acción del especulador se ha beneficiado el “no especulador”, suavizando los vaivenes del mercado, otorgándole estabilidad y liquidez; permitiendo al productor no solo colocar su excedente, sino que incluso a un precio mucho mejor en comparación al que podría haber obtenido en un mercado de solo consumidores. Este caso es ilustrativo para cualquier tipo de mercado, desde el financiero, al de commodities, monedas, etc.

Un especulador no es un manipulador de precios, ni mucho menos un desestabilizador. No sería racional. Según Milton Friedman, “los que entienden la especulación como desestabilizadora no se dan cuenta que su actitud es equivalente a decir que los especuladores pierden dinero, ya que la especulación puede ser desestabilizadora en general si los especuladores venden cuando los precios son bajos y compran cuando están altos, lo cual es lo mismo que argumentar que sólo cuando los especuladores son irracionales podrían desestabilizar precios, debido a que los racionales lo que hacen es asegurar una influencia estabilizadora”. Si un activo se desvía de su valor fundamental, es decir se sobre o subvalúa, sería racional para el especulador esperar que el activo tarde o temprano avance hacia su valor fundamental.

La única manera que un mercado estabilizado se desestabiliza, es cuando los Estados intervienen, por ejemplo, restringiendo la oferta y/o incentivando artificialmente la demanda. Y en países como el nuestro o Venezuela, justamente de los más intervenidos, tenemos ejemplos clarísimos de esto. Es normal, entonces, que presenten problemas similares: alta inflación y escasez, precios relativos absolutamente distorsionados y, por supuesto, creación de mercados paralelos. Y entonces sí, obviamente, se adjudicará a los supuestos “especuladores inescrupulosos” toda la responsabilidad de lo que sucede.

Es importante romper paradigmas, dejar las acusaciones sin fundamentos de lado, enfocarnos en buscar a los verdaderos causales de los problemas, y encarar de una vez por todas, soluciones reales y sostenibles en el tiempo. Siempre dentro del marco de libertad, seguridad, y el respeto irrestricto de las reglas de juego.

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