Anders Breivik y la consola de videojuegos: la paradoja de los derechos humanos como ideología – Por Andrés Irasuste

Psic. Andrés Irasuste

Año 2011: un hombre de poco más de 30 años llamado Anders Behring Breivik coloca un artefacto explosivo en el edificio de gobierno en Oslo (Noruega), con la finalidad de eliminar del mapa al primer ministro socialdemócrata Jens Stoltenberg perteneciente al Partido Laborista, además de secretario de la OTAN e hijo de uno de los principales políticos en la historia de ese país. Dicho partido es la plataforma más exitosa en ese país para la concreción de la hegemonía cultural de la izquierda progresista, y asimismo un exitoso modelo ideológico for export para otros países: multiculturalismo, “agenda de derechos” (feminismo de género, liberación sexual, desregulación de drogas, aborto, o, en su versión eufemística y políticamente correcta, “interrupción voluntaria del embarazo”), políticas altamente redistributivas de la riqueza (con un PBI muy suntuoso radicado en divisas de crudo petrolero extraído del Mar del Norte), un Welfare State descollante y muchas –y excelentes- prestaciones públicas.

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