La reinvención de Rusia en la posmodernidad – Por Laureano Brantiz Gómez

Mucho se habla de la Rusia post-guerra fría: cómo tuvo que reorganizarse, adaptar su política exterior, desarrollar internamente un modelo democrático y cómo tuvo que volver a encontrar su lugar de hegemón en este mundo globalizado. En una palabra, cómo tuvo que reinventarse tras la disolución de la Unión de  Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pero para poder entender este proceso, primero es necesario conocer cuáles son las fuerzas profundas que operan en la Federación Rusa.

“Las condiciones geográficas, los movimientos demográficos, los intereses económicos y financieros, las características mentales colectivas, las grandes corrientes sentimentales, nos muestran las fuerzas profundas que han formado el marco de las relaciones entre grupos humanos y que, en gran medida han determinado su naturaleza” (Renouvin y Duroselle, 2000: 9, 10).

Como vemos en la afirmación de Renouvin y Duroselle, estas fuerzas representan una amplia gama de rasgos persistentes en el tiempo que contribuyen a moldear la identidad (en este caso) rusa. Siguiendo con el lineamiento planteado por Zubelzú (2007), se complementan a las fuerzas profundas, las fuerzas organizadas: considerando entre éstas a actores estatales, burocracia, agencias, etc. La necesidad de este complemento se debe a que, en varios casos, las fuerzas organizadas operan suavizando o realzando esas fuerzas profundas. Destacándose en Rusia el papel de un poderoso y centralizado gobierno,  el  de la Iglesia Ortodoxa, entre otros.

Entre el conjunto de fuerzas profundas presentes en la sociedad rusa, Zubelzú (2007) destaca las siguientes: el externalismo, el mesianismo, el nacionalismo. Estas son las fuerzas que van a permitir explicar la reinvención de Rusia en la posmodernidad, y su proyecto inscripto en “La Cuarta Teoría Política” de Aleksander Dugin, el “Rasputín de Putin”.

 

Las fuerzas profundas

 

Estos rasgos identitarios, son los que permiten a Rusia definir lo que los une como comunidad, y lo que los diferencia del “otro”.

Al hablar de externalismo en Rusia, nos remitimos a la tendencia existente a ubicar la causa de los problemas del país en el exterior, en otros países, otros actores. Esto se debe, en gran medida, al mesianismo ruso:

“contar con un acervo o patrimonio cualitativamente distinto y superior al de otros pueblos y países (…) la creencia y el orgullo de Rusia como un gran poder con una misión especial en el mundo” (Zubelzú, 2007: 104). “Los rusos son el pueblo elegido y tienen el monopolio de la verdad, de la fe religiosa o de la superioridad moral, en momentos de dificultades, guerras, decadencia, ‘otros’ deben ser la causa de sus desgracias” (Zubelzú, 2007: 106).

Por otra parte, además de las fuerzas destacadas por Zubelzú, creo menester destacar el eurasianismo, propio de un país que se encuentra en dos continentes, lo que ha llevado a Rusia históricamente a respaldar una autoridad  concentrada y fuerte, que resguarde las fronteras del país más extenso del planeta. Además, este concepto va a llevar a que en parte del colectivo ruso, su pretensión de unión como comunidad traspase las fronteras, y se piense en la “Gran Madre Rusia”, basándose en su pasado como imperio que unía a múltiples naciones, hoy desligadas del mismo bajo la forma del Estado moderno. Pretensiones que podemos ver en los casos de la anexión de Crimea, Novorossia y las regiones georgianas de Abjasia y Osetia del Sur. En esta misma clave, es que podemos entender también al otro gran factor o fuerza profunda, que es el nacionalismo. Un nacionalismo caracterizado no por una una segmentación identitaria, sino por una coexistencia y heterogeneidad histórica.

 

La reinvención rusa: Occidente y la Cuarta Teoría Política

 

Conociendo las fuerzas profundas que denotan la identidad y el imaginario colectivo ruso, es que ahora toca la labor de entender el papel ruso en la llamada posmodernidad, partiendo para esto de las interpretaciones de Aleksander Dugin.

En el Occidente posmoderno nos encontramos con la consolidación del liberalismo como ideología de vocación universal, tras derrotar en una especie de batalla ideológica al marxismo y al fascismo-nazismo. En la posmodernidad ha prevalecido lo global por sobre lo particular, lo universal por sobre lo regional, tensión que tiene su antítesis en el ideal de trascendencia propio de la premodernidad. En este mundo posmoderno, el hombre es indiferente a la tradición, al igual que a la religión, ya no en el sentido moderno de laicización y secularización, aflorando el sincretismo y retornando (en diversas maneras) distintas percepciones de la existencia de una trascendencia; retorno en el que Dugin ve la oportunidad para recuperar la tradición.

“Tradición no es lo viejo, sino lo Eterno” (Dugin, 2014).

Dugin, preocupado por la situación de Occidente ante los movimientos que han llevado a la deconstrucción de las formas de vida tradicionales y la destrucción, en parte, de las mismas, cree en la necesidad de esbozar una Cuarta Teoría Política, distinta de las tres grandes ideologías que disputaron el dominio de las ideas en la Modernidad. Antiliberal en su matriz, esta teoría política tendrá a Rusia como protagonista, presentando una fuerte resistencia frente a este embate posmoderno.

La propuesta teórica de Alexander Dugin es un diálogo permanente entre el rigor geopolítico y cuestiones inmateriales de tinte existencial y teológico. En el plano de las identidades y las ideas, el bagaje teórico liberal secular que arraigó en las naciones occidentales encontró una base territorial en el atlantismo, bagaje que según el autor permitió el desarrollo de ideas que se basan en el progreso por el progreso en sí mismo (no sólo en sentido material y económico, sino más bien en el plano cultural), en donde lo nuevo automáticamente elimina o desprestigia a lo tradicional, es decir, ideas progresistas.  Rusia se mantuvo ajena a los procesos de pensamiento occidental favorecida por su condición geográfica (Eurasia). Esta “fortaleza” continental mantuvo a salvaguarda la tradición eslava y cristiana-ortodoxa. Esta consustancialidad entre territorio y trascendencia es la que ha extendido el accionar de Rusia hacia Ucrania o hacia la intervención en Siria imprimiendo un sentido mesiánico que el patriarca Kirill (2015) no dudó en denominar “guerra santa”. Este despertar existencial que desde la Cuarta Teoría Política puede apreciarse en Rusia, se manifiesta en su totalidad en las consignas eurasianistas y cristianas que exhiben en su accionar los independentistas prorrusos de Donetsk y Lugansk.  La tradición secular-laicista del atlantismo liberal está en guerra contra las tradiciones milenarias cristianas de Rusia, una Rusia profundamente cristiana y totalmente desligada del ateísmo de la URSS.

La Cuarta Teoría Política comparte con la posmodernidad la idea de tensión entre lo particular y lo universal, pero, a su vez, rescata el concepto premoderno del fenómeno teológico como parte intrínseca de la política: la batalla permanente entre el “Anticristo”, que busca reinar sobre la Tierra, y la resistencia de quienes demoran su manifestación, es la esencia de la dinámica mundial. Resistir al orden mundial, es “Katechon”, entendido como las fuerzas que demoran la manifestación del anticristo y su triunfo sobre las naciones. Esas fuerzas están constituidas por la tradición rusa que se mantiene viva y a salvo en Eurasia, y desde allí obstaculiza la hegemonía del anticristo.

La Cuarta Teoría Política, más que un enunciado de supuestos es una invitación, principalmente a la nación rusa: “Si Rusia decide “ser”, significa automáticamente crear una Cuarta Teoría Política. De lo contrario solo queda el “no ser” y salir lentamente de la arena histórica para disolverse en un mundo que no es creado y gestionado por nosotros” (Dugin, Alexander, 2013: 26). Resistir al embate liberal es el papel histórico que Rusia debe tener para sobrevivir como tal. El rescate de lo viejo, la “metafísica de los escombros”, que recupera el afán combativo de quienes perdieron la batalla del siglo XX contra el liberalismo debe sintetizarse con las críticas a la Modernidad del tiempo posmoderno.

Durante la “era” Putin, Rusia pasó a ser lo que el neorrealista Kenneth Waltz denominó un “Estado revisionista” en el sistema internacional (1959). Esto significa que pone en cuestión la estructura de poder vigente en el concierto de Estados. Vladimir Putin ha abogado permanentemente por la defensa del sistema multipolar de poder en contraposición al unipolar que se heredó de la década de los 90s y la post-Guerra Fría. Este revisionismo al unipolarismo geopolítico va en línea con la propuesta multipolar de Alexander Dugin como mecanismo de resistencia a la hegemonía liberal atlantista. La creación de “grandes espacios” que trasciendan al Estado-Nacional tradicional va en concordancia con el ideal eurasianista que Vladimir Putin ha demostrado al girar su política exterior al Asia Central y a la Europa Oriental como áreas de interés nacional para la Federación Rusa. En definitiva, la postura geopolítica revisionista de Putin es totalmente compatible para iniciar en el campo de las ideas una revolución identitaria y existencial que permita el florecimiento de la Cuarta Teoría Política. Las disputas por las bases territoriales del fenómeno están en marcha, queda esperar el despertar existencial de Rusia como ente consciente del rol que su condición geográfica y moral le reservan de cara al siglo XXI.

 

Conclusión

 

Podemos entender, a partir de las consignas eurasianistas, mesiánicas y externalistas, y el papel de las principales fuerzas organizadas, como lo es la Iglesia Ortodoxa, la reinvención de Rusia, plasmada teóricamente en la propuesta de Dugin y fácticamente en los conflictos de Ucrania, Georgia y Siria. La reinvención de Rusia cumpliendo el papel principal de resistir a este “Anticristo” de la posmodernidad occidental, al que remite Dugin, de desarrollar una postura revisionista geopolítica y volver a ser de los principales actores en el proceso de toma de decisiones a nivel mundial, planteando y defendiendo ahora un multipolarismo, no en el sentido de naciones sino de comunidades de naciones, ubicándose así como líder del espectro euroasiático.

 

Bibliografía

DUGIN, Alexander. (2013). “La Cuarta Teoría Política”. Ediciones Nueva República. Barcelona.

KATEHON. (16/06/2016). “Frentes de Donbass y Siria: dos escenarios de una misma guerra”. Katehon, sitio oficial. Disponible en: http://katehon.com/es/article/frentes-de-donbassy-siria-dos-escenarios-de-una-misma-guerra

WALTZ, Kenneth. (1959). “El hombre, el Estado y la guerra”. Editorial Nova.  Buenos Aires.

ZUBELZÚ, Graciela. (2007). “Entender a Rusia a través de sus fuerzas profundas: dificultades y desafíos de una reflexión recurrente”. Revista Brasileira de Política Internacional.

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