¿Plan conejo o Plan socialismo? – Por Fabrizio Alba

Recientemente, el Presidente de Venezuela Nicolás Maduro, en conjunto con su ministro de Agricultura Freddy Bernal, han lanzado el payasesco “Plan Conejo”. El objetivo del mismo: propiciar el consumo de proteínas frente a la ausencia o inaccesibilidad a los distintos tipos de carne y alimentos proteicos en general. A su vez, el heroico plan se vio decorado con el vergonzoso humor con que el presidente lo anunció: “Para la proteína animal, que es un tema importante, se aprobó iniciar el Plan Conejo, porque los conejos además se reproducen como conejos”.

No sólo el presidente fue emisor de increíbles declaraciones, sino también Freddy Bernal: “La agresión de Trump contra el pueblo de Venezuela es una gran oportunidad para revisar y cambiar patrones culturales de consumo, porque nos han inducido a comer lo que al imperio le interesa”. Frente al fracaso económico de su gobierno, no se le ocurrió mejor idea que añadir el relato de la “opresión cultural”, que obliga embozadamente a consumir y producir en relación a los “intereses imperialistas”.

Esta medida forma parte de la, en palabras del mismo Maduro, “guerra económica” en la que se encuentra inmersa Venezuela. Lo paradójico es que frente a las crisis que padecen en el país, la causa serían las sanciones económicas aplicadas por el gobierno de Donald Trump hace apenas un mes.

Claramente Maduro pretende continuar engañando a los venezolanos y al mundo respecto a la actual situación venezolana. La causa de la crisis política, social y económica, es la adopción de un sistema socialista, estatista, colectivista e igualitarista, no el enemigo imaginario del imperialismo capitalista. Nadie le declaró ningún tipo de guerra a Venezuela, sino que el gobierno hizo todo lo posible por destruir a su propio país y continúa haciéndolo.

Del socialismo no se puede esperar nada bueno, no en referencia a Venezuela en específico, sino a cualquier país del mundo. La evidencia histórica lo demuestra. Y lamentablemente, esta es una de esas ocasiones en la que es necesario repetir lo obvio. Las medidas implementadas por Maduro fracasarán como lo han hecho en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), más comúnmente conocida como Unión Soviética; así como también fracasaron en la división de Alemania en la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana (con el desenlace de la caída del Muro de Berlín, aplastando al sistema impuesto por la URSS en la RDA); también somos testigos de cómo incontables cubanos arriesgan la vida por escapar del régimen castrista sobre cualquier objeto que flote en el agua, e ir en busca de libertad a Estados Unidos. Y no es menor saber que el modelo a imitar del régimen chavista, y el de Maduro, es casualmente el del dictador recientemente fallecido Fidel Castro.

Por más intentos que el gobierno de Maduro realice por ocultar la crisis total en la que sumergió a Venezuela, no lo logrará. Esta se demuestra de la manera más cruda todos los días. Con colas de no menos de cinco horas para poder conseguir elementos básicos, como papel higiénico, jabón, desodorante, leche, carne, etc. En la prostitución de mujeres a cambio de comida. O en las peleas que se dan en los comercios y en las calles por un paquete de arroz, o por un envase de leche. Y rompiendo con toda característica humana, casos de canibalismo en cárceles venezolanas.

La políticas socialistas, estatistas, colectivistas e igualitaristas que se implementan en Venezuela, son un claro ejemplo y modelo de lo que no hay que hacer. ¿Las consecuencias? Según el Índice de Percepción de Corrupción presentado por Transparencia Internacional, Venezuela es el 17° país más corrupto del mundo, e inevitablemente, se lleva el galardón del 1er lugar de corrupción en América Latina. En cuanto a seguridad y conflictividad, el Institute for Economics & Peace ubica a Venezuela como el segundo país más inseguro de América Latina, y uno de los más inseguros también a nivel mundial. El Índice Global de Competitividad del World Economic Forum, realizó un estudio acerca de la apertura económica, en la que Venezuela se encuentra penúltima (antepenúltima se ubica Argentina, y última la República Islámica de Irán): es decir, es el segundo país del mundo con mayor represión a las libertades económicas. Y a su vez, según el Índice de Miseria a nivel mundial del año 2016, Venezuela se encuentra en el 1er lugar por tercer año consecutivo como el país más mísero del mundo.

Frente a estos índices, y muchos otros que no he citado, se evidencia que las consecuencias del socialismo son la miseria, el hambre y la servidumbre. Pero al ciego sector del progresismo, de izquierda y defensor de este sistema, no le conmueve ni le genera interés alguno ver frente a sus propias narices que sus recetas fracasen una y otra vez.

A sus defensores pueden decirles todas las realidades y estadísticas que demuestran que el sistema que defienden es un fiasco, pero seguirán repitiendo que la culpa es del “imperialismo capitalista”. Se les podría decir que la misma fiscal general de Venezuela Luisa Ortega Díaz, ha informado que hasta el 31 de julio se contabilizan 121 personas muertas y otras 1.958 heridas, únicamente como consecuencia de la brutal represión que el gobierno ejerce sobre los mismos venezolanos, pero insistirán en que los manifestantes son “enviados y pagados” para derrocar al gran mesías y salvador de injusticias de Maduro. Y finalmente, les podríamos presentar que el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) ha registrado 28.479 asesinatos en el año 2016, superando los 27.875 registrados en el 2015, pero dirán que son mentiras creadas por los medios de comunicación hegemónicos e imperialistas.

Las consecuencias están a la vista, lo importante ahora es saber cuáles son las ideas, intenciones y acciones con las que se presenta el socialismo, y así prevenir su silenciosa y disimulada instauración en otro país.

La característica principal y base de este sistema, es la búsqueda de la igualdad socio-económica por medio del Estado. Es decir, la concentración en disminuir la desigualdad, que en nombre de la “justicia social”, inevitablemente conlleva a la intervención estatal para coercitivamente redistribuir las riquezas. Eso sí: siempre recurriendo al mito de la polarización entre ricos y pobres, entre los que apoyan al gobierno y los opositores, de empresarios contra trabajadores, y del imperialismo que explota y ataca a los países de economías inferiores.

Para esto, es habitué basarse en teorías como la de Raúl Prebisch (también conocido como el Keynes de América Latina), de Hans Singuer (quien realizó su doctorado en la Universidad de Cambridge bajo la dirección de Keynes) y de André Gunder Frank (autodeclarado neomarxista y asesor del ex-presidente marxista Salvador Allende). Todos fanáticos opositores de la libertad. Muy resumidamente, postulan la famosa división de centro (compuesto por los países desarrollados) y periferia (los países subdesarrollados) y la teoría de la dependencia, en las cuales, el libre mercado no hace más que favorecer a los países del centro convirtiendo en dependientes de ellos a los países de la periferia. La idea principal, es que la ganancia y la riqueza de los países desarrollados, no es más que la causa de la pobreza y miseria de los países subdesarrollados (entre ellos, América Latina).

También le es discursivamente elemental el reconocimiento de un enemigo, ya sea interno o externo, siempre opositor y causante de todos los males del sistema. En términos del posmarxismo de Chantal Mouffe, la constante conflictividad de ideas contrapuestas dentro de la democracia plural, la formación de una identidad colectiva totalmente diferenciada de otra, traducida en la construcción de un nosotros, en oposición de un ellos. Esto es importantísimo para el discurso socialista, ya que en base a esto construye el fantasioso mito de la existencia de un nosotros que lucha y defiende a los trabajadores, pobres y excluidos del sistema; y la diferenciación de un ellos que abarcaría a los capitalistas, empresarios y ricos.

En cuanto a materia económica, estas falsas creencias se ven plasmadas en la invasión fiscal, en el castigo al éxito mediante impuestos, en el tóxico y nocivo impuesto progresivo (no olvidemos que según la fantasía socialista, las personas con mayor poder adquisitivo, o que progresan económicamente, obtendrían su riqueza a costa de los pobres) y en el inmensurable agigantamiento, intervención y proteccionismo del Estado (asistencias públicas que se convierten en herramientas de clientelismo político, entrega de subsidios a empresas o a productos, limitación a la entrada y/o salida de importaciones y exportaciones, entre otras).

Y la principal mentira ciegamente promovida por los defensores de dicho sistema: el capitalismo genera pobreza.

A partir de la Revolución Industrial, proceso histórico que marcó un antes y después en el modo de producción y en la concepción de vida en favor de la libertad de los individuos, el progreso y avance a nivel global fue único e irrepetible.

Según los amplísimos índices publicados en el sitio web Our World in Data, en el año 1.820, el 90% de la población mundial era extremadamente pobre, hoy esa situación afecta a menos del 17%; a su vez, la esperanza de vida se prolongó de 30 a 70 años. Es decir, no existe en la historia de la humanidad un sistema que haya beneficiado tanto a los pobres y a los más necesitados como lo ha hecho el libre mercado.

Continuar insistiendo en que el capitalismo y la libertad generan pobreza, es similar a continuar defendiendo que la Tierra es plana. Las personas no necesitamos la constante vigilancia y control del Estado: lo que necesitamos es libertad.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*