Otra marcha más. Pero, ¿para qué sirven? – Por Nicolás Yamil Nasif

Artículo de un socio de la Fundación LIBRE

En este pequeño texto, me voy a proponer analizar la función social que tiene la marcha o la manifestación en una sociedad como la Argentina del 2017, más específicamente la ciudad de Córdoba. Utilizaré como ultimo detonante la marcha por el mes de desaparición de Santiago Maldonado, celebrada el 01/09, y aquella ocurrida el 18/09 por la segunda desaparición de Julio López.

Para esto, es necesario antes que nada definir lo que es una manifestación o, más bien, su función social. En palabras de la escritora y consultora en comunicación mexicana, Lesly Adriana Salado García: “La importancia y reivindicación de la manifestación como estrategia efectiva radica que no sólo es un acto público que expone y exige respuesta a sus demandas, también hace un llamado a la sociedad a hacer conciencia y responsabilidad moral, sobre problemas reales y graves, exponiendo las razones de su acción”.

Pues quién podría negar que la desaparición de una persona en tiempos de democracia sea un tema de inmediato repudio y de particular sensibilidad. Así es que este hecho viene teniendo una gran repercusión e impacto en toda la sociedad, y la función de concientización está más que clara.

Ahora bien, ¿es la manifestación la mejor forma de hacerse sentir sobre un tema en particular? Vale la pena aclarar que este tipo de acciones sociales tienen como objetivo “ganar la calle”. Pues es éste el lugar donde existe libertad para cada habitante de realizar un gran abanico de actividades, siempre bajo sus responsabilidades.

Indudablemente la calle es el espacio público por excelencia y, pasan los días y las semanas y nuevas protestas son realizadas. Dicho esto, ¿Cuántas veces torció resultados? ¿Es la mayoría de la población la que se manifiesta en este espacio? ¿O es que hacen ruido nomas? Este tipo de preguntas me llevaron a investigar un poco el tema.

Es importante destacar que este año, particular como todos los años de elecciones, es aun más particular porque se acerca a la mitad de mandato del gobierno nacional de Mauricio Macri. Creo que, desde su asunción, las protestas han sido múltiples y, muchas veces exageradas o mal planteadas.

Como el presidente proviene de un ámbito empresarial, se ha creado alrededor de su imagen una demonización propia de los sectores progresistas o de izquierda para cada empresario, posicionándolo como la cara de la opresión obrera, el conflicto de clases que planteara Karl Marx en épocas de Primera Revolución Industrial.

No necesito más de un párrafo para aclarar que, sin empresarios no habrían puestos de trabajos más que aquellos propios del Estado, que, bien sea dicho, no generan riqueza ni crecimiento alguno dada la probada ineficiencia histórica que tuvo, tiene y tendrá el Estado como agente económico, priorizando la “igualdad” por sobre la libertad. Este artículo no es económico así que esta discusión no será planteada en este momento.

A partir de esta estigmatización para con el gobierno de Cambiemos, designado entre otras cosas como “la vuelta a los 90, la preparación del helicóptero o el gobierno para ricos” se puede entender por qué el progresismo en todas sus ramificaciones presenta batalla continua y su lugar de pelea es la calle, espacio que Cambiemos no utiliza en ninguno de sus aspectos.

Si bien los cacerolazos o la marcha del silencio por la muerte del fiscal Nisman fueron liderados por grupos que apoyan al actual gobierno, esas manifestaciones no surgieron desde el seno de los partidos o agrupaciones que se alinean más favorablemente con el oficialismo o en contra del Kirchnerismo.

Descrito esto, ¿cómo es posible que Macri se mantenga en el poder si todos los días surge una nueva protesta y las calles se llenan de consignas como “basta de ajuste” o “Macri gato”?

Es necesario entonces comprender o redefinir el concepto de “espacio público”, porque de alguna manera, la gente que votó a Macri vive en Argentina y de alguna manera ha de expresarse. Es así que, al moverse al espacio público virtual, las redes sociales principalmente son las que se encuentran plagadas de ideas, intenciones, opiniones, tan diversas como infinitas.

Allí es donde se encuentra la llamada “mayoría silenciosa” que en realidad no es silenciosa sino que se manifiesta a través de las redes, tuiteando algo con muchos retweets, sumando o realizando tendencias a nivel nacional y a veces mundial. Esa es una fuerte característica del gobierno de Cambiemos, reconociendo su derrota en el ámbito más anticuado y, ahora mismo obsoleto, como ser la calle.

Se replantea la campaña y tanto YouTube como Twitter o Facebook son los lugares de amplio dominio de opinión pública “macrista”. Con esto basta fijarse la cantidad de seguidores o Me Gusta que tiene el propio presidente o sus allegados frente a los políticos de menor caudal. Frente a este fenómeno emergente del militante cibernético, surgió la respuesta del marxismo cultural con frases como “salí a la calle” o con designaciones peyorativas como decirles “bots” o “trolls”, términos propios del lenguaje moderno informático.

Lo cierto es que el espacio público por excelencia ya no es la calle, la manifestación popular mas efectiva ya no es la marcha y el militante ya no es el que agita banderas.

Las redes sociales, si bien provienen de empresas privadas, constan de ser gratuitas y prácticamente libres para publicar todo aquello que se antoje.

Al afirmar esto no quiero decir en absoluto que el progresismo no tenga acceso a las redes, sino que, al ser un lugar en que se pueden encontrar variadísimas ideas, el debate es propicio y hasta casi propio de la naturaleza de estas plataformas.

Creo yo que el intercambio de ideas ha sido ganado por los sectores en oposición al marxismo. Para demostrar esto es necesario simplemente leer las consignas emocionales, sensacionalistas o violentas de cada polo y, cuando se discuten, ver quien insulta primero y quien tiene un soporte teórico o estadístico (aunque sea mínimo, tampoco estamos hablando necesariamente de expertos).

Y es que yo mismo dudo del contenido intelectual que se pueda tener sobre Cambiemos y que el Kirchnerismo lo supera. Ahora, el problema excede a este aspecto porque no se encuentra en la explicación de lo que hace o hizo CFK o MM, sino que el estilo de gobierno del kirchnerismo ha llevado a una decadencia gigante, imposible de esconder y no se ubica solo en la figura del “error humano” como tantos comunistas-socialistas se refieren a las “fallas” de Lenin, Stalin, Mao, los Castro, Chávez o Maduro.

El problema radica en la raíz misma del régimen que intentan imponer (bien utilizado el término dado que la izquierda no puede gobernar sin la coerción que obtiene desde el Estado y el monopolio de la “violencia legítima”).

Así es que, Macri, sin ser un jefe de Estado precisamente liberal, ha sabido consagrarse frente a sus rivales y, a partir de estas últimas elecciones, demostrar que su mandato tiene la misma o mayor aceptación en prácticamente todo el país. Lo único que necesitó demostrar o bien, desenmascarar fue a su rival.

¿¡Y qué mejor espacio para demostrarlo que en las redes!?

Vale destacar que los medios obviamente ayudaron fuertemente ya que son los que principalmente investigan e informan a la sociedad pero su difusión en internet es la que le llega a todos, superando ampliamente el rating televisivo, los programas radiales o las columnas de diarios. La posibilidad de acceder a toda esa información al alcance de su mano, en cualquier momento y en cualquier lugar es aquella característica de las nuevas plataformas digitales que, para mí, fueron propicias del “cambio”.

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