Delirar no cuesta nada: Ley de Paridad de Género – Por Fabrizio Alba

Recientemente, la Cámara de Diputados argentina aprobó la Ley de Paridad de Género, la cual determina la obtención de igual representación parlamentaria entre hombres y mujeres dentro. Esto obliga a los diferentes partidos políticos a intercalar las candidaturas entre hombres y mujeres de acuerdo al género que figure en su documento nacional de identidad, independientemente de su sexo biológico. Esta ley comenzará a regir en las elecciones legislativas de 2019, dividiendo la representación masculina y femenina en un 50% para cada uno.

Todo este entramado jurídico se sostiene en la excusa de que existen factores que les impiden a las mujeres acceder a un puesto en el poder legislativo. Frente a esto, la solución sería establecer una igual cantidad de representantes hombres y mujeres. El progresismo parlamentario sostiene que esto no sólo implicaría un “progreso” en la búsqueda de igualdad entre el hombre y la mujer, sino también una mejora en la calidad política argentina.

Totalmente opuesto a los argumentos a favor de la aprobación de esta ley, la Constitución Nacional Argentina expone los requisitos para ser diputado o senador de la nación, dentro de los cuales no se encuentra ninguna especie de impedimento jurídico con relación a su sexo (Art. 48 y 55). Por el contrario, garantiza la igualdad ante la ley de todos sus habitantes (Art.16).

Aún más, la aplicación de la cuota de género implica una violación a la libertad de elección de los individuos y al Estado de Derecho. La representación política dejará de ser una herramienta del ciudadano para controlar y determinar, por medio de su voto, quiénes conformarán el poder político. A su vez, los partidos políticos ya no podrán continuar conformando las listas de candidatos con quienes quieran y del modo que deseen, sino que deberán adecuarse a una normativa “progresista” totalmente irracional. En efecto, ¿desde cuándo los ciudadanos elegimos a nuestros representantes para que luego éstos determinen la manera en que debemos elegirlos en el futuro?

Ahora bien, ¿cuánto influye la igualdad de representación de hombres y mujeres en el mejoramiento de la calidad política de un país? En nada.

La calidad política hace referencia a la calidad de los políticos de turno, es decir, a la capacitación y formación que individualmente tenga cada uno. El intelecto de una persona no se define por el género, raza, clase social o religión de la persona, sino por el sacrificio que haya realizado para adquirirlo, y su capacidad de análisis e implementación a la realidad.

Esta es una ley totalmente innecesaria y carente de fundamento, ya que no existe elemento jurídico alguno que le impida a una mujer desarrollar su propio proyecto profesional político por el simple hecho de serlo. ¿O no hemos tenido acaso a una mujer dirigiendo el destino del país por ocho años?

La representación política debe ser de acuerdo a lo que democráticamente los ciudadanos de cada país elijan a través del voto, y no debiera estar condicionada por los funcionarios de turno que demagógicamente se suman a la corriente del correctismo político.

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