ARA San Juan: Las reflexiones que nos deja – Por Laureano Brantiz Gomez

Hoy nos encontramos con un tristísimo hecho, ya que la búsqueda del submarino ARA San Juan ha cesado. Desde este espacio, antes que nada, expreso mis condolencias para con las familias de los 44 héroes que se encontraban sirviendo a la Patria, defendiendo la seguridad y bienestar de todos los argentinos.

Esta pésima noticia y todo lo que englobó el hecho de la desaparición del submarino nos deja muchas cosas para reflexionar y prestar atención, de las que creo menester destacar dos: la ayuda internacional recibida por Argentina y la situación de desarme y falta de actualización en que se encuentran las Fuerzas Armadas de nuestra nación.

En lo que respecta al primer punto, debemos todo nuestro agradecimiento a los países que actuaron colaborando con la búsqueda de nuestros servidores de la Patria, versando su accionar sobre el principio de la cooperación internacional.

Mucho y mal, se ha hablado en relación a la ayuda recibida por nuestro Estado hasta el punto de tildar de invasores a quienes prestan sus servicios, sus hombres y sus medios para ayudar a nuestro país. Ante esto la única solución es reconocer la situación en que se encuentran nuestras fuerzas y aceptar que no estamos preparados para afrontar un hecho de tal magnitud tan solo por nuestra cuenta.

En cuanto al segundo punto, es el que más debe preocuparnos como ciudadanos de la República Argentina, y del cual vendrán (y espero que así sea) numerosos debates y exposiciones sobre cuál debe ser la situación en que se deben encontrar las Fuerzas Armadas, qué hay que hacer y qué no, si hay que revertir la posición que hoy ocupan y demás.

Desde el derrocamiento del general             Viola en manos de la Junta Militar encabezada por Galtieri, se inició un proceso de descomposición y desarme del poder militar que seguiría estando presente en las siguientes gestiones gubernamentales a través de distintas políticas particulares hasta la actualidad.

Estas decisiones en el discurso se encontraban sostenidas en un temor por un gran poderío por parte del sector militar, al que se lo presentaba como amenazante de la estabilidad democrática e institucional del país, apoyándose estas afirmaciones en lo ocurrido principalmente durante el golpe de 1976 y su consecuente Proceso de Reorganización Nacional. Políticas que han impedido la actualización de la Fuerzas Armadas y su capacidad de rearme.

Lo cierto es que nos encontramos en 2017  sin tener presente una política de Estado en lo que concierne a la Defensa Nacional, algo totalmente inadmisible para un país como Argentina hoy en día.

Así como sucede al parecer en todos los ámbitos que afectan al país, tras cada nueva gestión gubernamental se actúa bajo el principio de tabula rasa, de borrón y cuenta nueva. Este accionar debe cambiar y, principalmente en lo que respecta al área de Defensa Nacional, algo que debe trascender los aspectos ideológicos de los partidos, ya que se requiere del consenso de la mayoría para poder establecer una política de Estado a largo plazo, basada en conocimientos técnicos, en relación al área de Defensa.

Estamos hablando de la seguridad del país y, si en este sentido un rearme y actualización de las Fuerzas Armadas despierta temor en amplios sectores de la sociedad, entonces también se debe hacer hincapié en el proceso de formación de quienes pasarán a servir al Estado argentino como parte integrante de las Fuerzas Armadas y, en los civiles no castrenses, para que la relación entre ambos no sea de tensión y se entienda que los primeros están al servicio de los segundos, en pos de su seguridad y bienestar. Sin una conciliación entre la sociedad civil y las Fuerzas Armadas, es casi imposible de lograr una política de Estado en este sector y la seguridad y defensa de los argentinos se seguirá dejando al azar de políticas cortoplacistas.

Espero que lo ocurrido sirva para que todos los sectores políticos que deliberan sobre el rumbo que debe seguir nuestro país, se sientan a debatir y a formular una política de Estado, ya que como sucede frecuentemente en Argentina, hasta que no ocurre una tragedia no reaccionamos.

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