El año de Donald J. Trump – Por Laureano Brantiz Gomez

Terminó el primer año de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos y, al igual que su campaña presidencial, este periodo destacó por dejar de lado la corrección política y buscar imponer una agenda propia y particular.

El 8 de noviembre de 2016 los estadounidenses celebraron las elecciones presidenciales donde el magnate se impuso a la candidata demócrata Hillary Clinton. Trump, previo a llegar al salón oval, manifestó preocupaciones y proyectos en forma de promesas. Entre ellas destacan: la construcción de un muro en la frontera con México acompañada de una política migratoria más restrictiva; reducción sin precedente de la presión fiscal y del desempleo; crecimiento económico del 3% anual; abandonar el Acuerdo de París (COP 21); derogar el “Obamacare”; reconocer a Jerusalén como capital de Isrrael con el consecutivo traslado de la embajada a dicha ciudad.

Ahora debemos preguntarnos ¿Donald Trump es un hombre de palabra como afirmó en campaña? ¿Qué promesas cumplió?

El 45° presidente norteamericano inició el 2017 firmando las órdenes ejecutivas relativas a la construcción del muro fronterizo con México. Sin titubear arrancó poniendo puesta a punto a la, quizá más polémica y más criticada, promesa de campaña. La misma consiste en terminar un muro que comenzó su construcción en la administración de Bill Clinton.

En los dos decretos que firmó en enero ordenaba destinar fondos federales a la planificación y construcción del muro así como aumentar el número de oficinas de control y aduana, dos cuestiones que le permiten al gobierno mantener un mayor control sobre sus fronteras, sosteniendo que su mayor deber es el de proteger a las familias estadounidenses y que es el pueblo de Estados Unidos el que debe decidir quién puede entrar al país.  En este sentido es que el gobierno, el septiembre pasado, llevó a la práctica la construcción prevista de prototipos de muros para distintas zonas de la frontera, presentándose en licitación 8 muros de 4 empresas distintas. Los mismos se construyeron en terreno federal (para evitar problemas de permisos y expropiaciones) cerca del paso fronterizo de Otay Mesa, al este de Tijuana.

Siguiendo en el ámbito migratorio, la actual gestión intentó  implementar restricciones al ingreso de inmigrantes al país. Aquí el Gobierno encontró fuertes opositores a la hora de llevarlas a cabo. Destacan el bloqueo por parte del juez federal del estado de Hawái, Derrick Watson, al veto migratorio que buscaba imponerse. Aunque cabe aclarar que respecto a esto, la Corte Suprema de los Estados Unidos dio su apoyo a Trump.

Su gran derrota en el año 2017 fue, quizás, el fallido intento de reformar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Aquesible aprobada en la gestión de Obama, más conocida como “Obamacare”. Este programa permitió reducir a menos de 9% la tasa de personas sin seguro médico en Estados Unidos; el mismo establece que los adultos que no tienen un plan de salud y se encuentran por debajo del cuádruple del umbral de pobreza deben recibir créditos fiscales con el fin de ser subvencionados y, además, sostiene que todo adulto sin cobertura médica, ya sea proporcionado por sus empleadores o patrocinado por el gobierno, está obligado a mantenerla, arriesgándose en caso contrario a ser penalizados con una multa;  a esto se lo conoce como mandato individual.

El problema que presenta el Obamacare y, que se detectó en el intento de reforma, es que los costos aumentaron a un ritmo más alto del esperado, ya que a medida que clientes que conllevan un gran gasto ingresaban en el mercado se disparaban los costos. Esta situación se vio atenuada por quienes reciben subsidios, pero lo cierto es que millones de personas que pagan por su propia cuenta han sufrido un shock.

Se puede agregar que, con el programa de la gestión demócrata, muchas aseguradoras del sector tuvieron que retirarse de algunos mercados, con la consecuente reducción de opciones para los consumidores.

Lo cierto es que a pesar de todo lo positivo y negativo que puede implicar el Obamacare, la reforma que buscaba derogarlo no pudo llevarse adelante. Esto se debe a que el Partido Republicano retiró de la Cámara de Representantes el proyecto de ley al concluir que no tenían el suficiente apoyo para conseguir la aprobación de la Ley de Cuidado de Salud.

En junio del año pasado, Donald Trump vetó el acuerdo que había logrado Estados Unidos con Cuba durante la gestión de Obama, pero sin romper con las relaciones diplomáticas iniciadas en 2015. El mismo suponía un acercamiento entre ambos países a partir de la apertura de una embajada en La Habana; el comienzo de las visitas de funcionarios entre los países; el apoyo por parte de Estados Unidos a Cuba en materia de derechos humanos y en reformas democráticas; la importación de bienes de Cuba; transacciones; el pedido de revisión del país norteamericano de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo entre otras.

El veto por parte de la actual gestión republicana se sustenta en una renegociación de este acuerdo en un futuro, una vez que “los cubanos den los pasos concretos” para conseguir un mejor acuerdo entre ambos. El gobierno estadounidense se mostró abierto a llevar a la concreción un acuerdo con Cuba para lograr una verdadera “Cuba libre”, además, aunque se haya vetado el acuerdo las embajadas continuarán abiertas, los vuelos comerciales directos y cruceros seguirán y las remesas fluirán de la forma en que lo hacían.

Otra de las promesas que cumplió, en parte, el presidente Trump fue sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático. En parte, porque todo país que ratificó el acuerdo solamente puede solicitar su salida del mismo a partir del 4 de noviembre de 2019, tratándose más bien de un comunicado oficial muy simbólico que marca el rumbo que seguirá el país norteamericano en relación al acuerdo celebrado en la Conferencia de Partesen París.

Este acuerdo no vinculante fue el resultado de las reuniones de la Conferencia de Partes organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en el año 2015, que tuvieron lugar en la ciudad de París. El mismo tiene como objetivo principal mantener la temperatura global muy por debajo del equivalente a 2°C por encima de la época preindustrial y que los países se esfuercen para limitar el alza a 1,5°C. Busca, además, limitar la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos por causa de la actividad humana a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a los efectos del calentamiento global.

Donald Trump justificó la salida del acuerdo en que el mismo es injusto, ya que los países ricos se habían comprometido a otorgar US$100 mil millones anuales en financiamiento para los países en desarrollo hasta el 2020, para ayudarlos a adaptarse al cambio climático y adoptar energías renovables; y Estados Unidos fue de los que más dinero gastó. Con el anuncio de retirada el presidente lo que busca es renegociar el acuerdo, algo a lo que rotundamente se han opuesto los mandatarios Macron y Merkel.

Más allá de que se pueden prever algunas consecuencias de lo que significa que el segundo país que más emite gases de efecto invernadero abandone el último acuerdo en una Conferencia de Partes, queda por ver qué papel desarrollará Estados Unidos en la política de cambio climático y cambio de matriz energética. Es decir, si Estados Unidos logrará renegociar el acuerdo o impulsará otros.

Se debe destacar también, el papel del sector privado en su compromiso con la cuestión del cambio climático y sobre todo en el camino hacia las energías renovables,el cual tiene una gran importancia en el país norteamericano.

En junio del año pasado,

El anuncio del traslado de la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén fue otra decisión recibida con desagrado por gran parte de la comunidad internacional. Sostienen que esta decisión llevará a un atraso en los intentos de negociaciones de paz entre Palestina y el Estado israelí.

La comunicación emitida por Donald Trump de trasladar la embajada a Jerusalén, es algo que se viene prometiendo desde hace tiempo en el país americano, tanto Clinton, como Bush y Obama lo prometieron e hicieron alusión a esto en numerosas ocasiones durante sus gobiernos, por lo tanto lo que se debe preguntar es qué llevó a la concreción de esa promesa. La respuesta capaz la podemos encontrar en los intentos de acercamiento de ciertos países del Golfo Pérsico hacia Israel, sobre todo en términos económicos y, su alejamiento de la causa palestina.

Jerusalén, en el Plan de Naciones Unidas para la partición de Palestina (1947), adquirió status internacional debido a su importancia religiosa. Lo cierto es que desde 1967, tras finalizar la Guerra de los Seis Días, Israel tomó posesión de Jerusalén del Este que estaba en manos de Jordania y desde ese momento tiene, de facto, bajo su control a la totalidad de la ciudad.

Ante el comunicado de la medida estadounidense, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una moción contra la decisión de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, la cual recibió 128 votos a favor, 9 negativos y 35 abstenciones. Lo cierto es que más allá de la decisión de 128 países miembros de la organización, la moción de la Asamblea General no es vinculante y la única forma de obligar a los Estados Unidos a retractarse es a través de una decisión emanada del Consejo de Seguridad, órgano en el cuál el país implicado tiene poder de veto.

Más allá de la opinión internacional, se debe tener en cuenta que es un derecho soberano de cada país decidir donde abrir y establecer sus embajadas, tal como lo señalo Nikki Haley, embajadora de los Estados Unidos ante la ONU. Porque si bien Estados Unidos viola la resolución  478 del Consejo de Seguridad al no estar tomada bajo el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, es considerada como no vinculante.

Finalmente otra promesa cumplida en el año fue la aprobación de la reforma impositiva. Esta supone un paquete de rebajas de impuestos para las corporaciones, pequeños negocios y personas que impulsará el crecimiento económico y el empleo, además de ser un pilar clave para elecciones de 2018.

En esta reestructuración, los impuestos individuales más altos se reducen del 39,6% al 37%; el impuesto a las sociedades que se carga a las empresas se reduce del 35% al 21%; se dobló la cifra libre del impuesto de sucesiones y herencias de 5,5 a 11 millones de dólares en caso de estar en situación de soltero y de 11 a 22 millones de dólares en caso de matrimonios; amplía los créditos impositivos por hijo de 1000 a 2000 dólares; permite cobrar el impuesto de una sola vez para la repatriación de capital del 10% en lugar del 35%.

Lo que el gobierno republicano busca con esta histórica reforma “big tax reform” es aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores estadounidenses, hacer que el mercado de trabajo de los Estados Unidos sea el más atractivo y ahorrar 1,5 billones de dólares en un plazo de 10 años. Además, busca repatriar el capital ubicado en offshore para ser reinvertido en la economía estadounidense.

El impacto de la reforma fue inminente, en el primer día de aprobada la misma AT&T anunció inversiones por US$1000 millones, BOEING anunció inversiones por US$300 millones y, Wells Fargo y Comcast anunciaron aumento de sueldo para sus empleados.

Con esta medida Estados Unidos busca ofrecer beneficios impositivos para atraer capital de todo el mundo, a lo cual le debemos sumar la solidez y previsibilidad de sus instituciones que lo hacen por demás atractivo.

El año de Donald Trump en lo económico sorprendió, la economía en el tercer trimestre de 2017 creció a un 3,2% siendo el más alto desde inicios de 2015 y cumpliendo con la promesa de crecer a un 3% anual. Las  tasas de desempleo alcanzaron un mínimo récord en donde la tasa de desempleo de la población hispana alcanzó el nivel más bajo histórico con un 4,7%, la de la población afroamericana alcanzó el nivel más bajo desde 1970 con 6,8% y en las mujeres alcanzó el nivel más bajo desde el año 2000 con un 4%.

Este presidente, que se muestra liberal en lo económico y conservador en lo cultural, se afirmó como un hombre que ha cumplido con gran parte de sus promesas. Las que no pudo cumplir se debe a que a pesar de su postura firme, su oposición se mantiene igual y demuestra que la negociación es la única forma en que se resuelven los problemas y se toman medidas en las democracias.

Más allá de sus decisiones en este año, queda por ver que deparará su futuro, cuáles son las siguientes medidas que buscará impulsar. ¿Acompañará medidas como la reforma impositiva con una política económica acorde de reducción del gasto público? ¿Logrará renegociar el Acuerdo de París? ¿Logrará imponer su agenda en política migratoria a cambio de negociar la situación de los dreamers?  Todo queda por verse y, sacar conclusiones, es más que arriesgado en un panorama con pronósticos errados desde quién iba a salir victorioso en las elecciones de 2016 hasta el proteccionismo económico que supuestamente iba a llevar adelante el presidente Trump.

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