Las intolerantes marchas de la tolerancia – Por Tomás Civetta

Las diversas marchas acaecidas en Argentina muestran un paralelismo entre los distintos tipos de comportamientos entre los sectores que acuden a cada una de estas.Haciendo una diferenciación, podemos notar cuales son las posturas que se defienden y las formas de sociedad que representan ambas partes de la grieta.

El pasado 24 de Marzo se realizó, como todos los años, una nueva marcha por el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, que conmemora un otro aniversario del último golpe de Estado cívico-militar del país. Las banderas y los lemas que se hacían notar, de forma totalmente esperable, eran las de sectores de izquierda, quienes pretenden ser la voz del pueblo y tratan de forma discriminatoria a las agrupaciones que pretenden ser parte del momento. Tal es esta situación que no se dejó al sector de La Franja Morada ingresar al lugar de encuentro.

Pero la cuestión aquí es otra. Buscar un paralelismo entre cómo se realiza una marcha representada por la izquierda y la “derecha”. Si tomamos los últimos ejemplos, como fueron las marchas por Santiago Maldonado, el día de la mujer o la protesta en contra de la reforma jubilatoria en el Congreso de la Nación, podemos notar el nivel de violencia que estos grupos engendran en sí. Lo curioso de los casos es que son llevados a cabo por movimientos que se cuelgan la bandera de la tolerancia pero con acciones que muestran lo contrario como lemas de “muerte al macho”, “mata a tu novio, tu papá y tu hermano”, “la vida es corta, pongamos bombas”, etc. Tal y como lo dijo Herbert Marcuse: “la realización de la tolerancia exigiría intolerancia frente a las prácticas, credos y opiniones políticas dominantes…”. Esto demuestra,de cierta manera, que lo que vivimos en la actualidad, evidencia el marxismo cultural.

Si revisamos el historial de grandes marchas de izquierda, podremos notar que la escalada de violencia, en gran parte de las protestas, no son fenómenos aislados. Las marchas del feminismo han sido de gran ejemplo para dar cuenta de la intolerancia izquierdista. Incluso, con el lema de parar la violencia contra la mujer, las mismas linchaban a otras mujeres periodistas porque estas pertenecían a medios de comunicación que no eran del agrado del movimiento, o golpeaban a un homosexual que se opuso a que incendien una iglesia parándose de frente con una bandera del Vaticano; las marchas pidiendo por la aparición de Santiago Maldonado, en la mayoría de los casos, terminó con un caos en las calles, no sólo en la localidad de Esquel donde reina el terrorismo Mapuche, sino también en Capital Federal; La protesta donde se intentó detener la reforma jubilatoria que pretendía el Gobierno, donde se quiso tomar el Congreso de la Nación, y la violencia cruzó todos los limites. El resultado de esta fue un gran número de policías heridos, y la imagen del “gordo del mortero” con un peso simbólico de lo que representan. Entre tantas cosas más; si nos remontamos a la provincia de Jujuy, tenemos el fenómeno Milagro Sala quien, con su agrupación Túpac Amaru, quemaron la fachada de la Casa de Gobierno donde también se ubica el salón de la bandera de Belgrano, sumado a infinidad de marchas con enormes índices de incidentes.

Los ejemplos de estas acciones son diversos, por lo que resulta imposible nombrar a todos. Lo cierto es que estos tipos de cosas suceden en diversos de momentos todos los años. La excusa de estos movimientos, es la famosa frase “no hay revolución sin violencia…”. Palabras bastante contradictorias por el hecho de que dicen ser lo nuevo y el progreso, el que no se adhiere a ellos, es un conservador que “atrasa mil años”. Claro, todo lo viejo que aporte ideológicamente a la justificación de sus actos, debe ser conservado.

Otro fenómeno no aislado que se hace presente, es la suciedad y los destrozos que estos grupos dejan en cada toma de la calle. Luego de cada marcha, las botellas, papelitos, bolsas, etc. Se visibilizan en los lugares de encuentro. Paradójico que estos sean los mismos que luego salen a reclamar que se pare con la contaminación ambiental; las pintadas en los edificios públicos y privados también se hacen notar. Al otro día, aparece el Estado que, con los impuestos de los ciudadanos, debe desembolsar fortunas para que “los fanáticos de las paredes” nos quedemos tranquilos.

Distintos son los modos con los que se manejan en el otro lado de la grieta. Un claro ejemplo de esto fue la “marcha del silencio” pidiendo justicia por el Fiscal asesinado, Alberto Nisman. Si uno observa aquello, podrá notar a diversas personas en una actitud pacífica, vestidos de forma elegante y conservando la limpieza de la ciudad. Otro ejemplo sucedió el pasado 25 de Marzo (un día después del día de la memoria), cuando se realizó la marcha en contra de la despenalización por el aborto. La suciedad de la ciudad era evidente, pero provenía de un día anterior. Al igual que la que mencionábamos antes, ésta tuvo el mismo tipo de comportamiento, sin carteles con frases de odio y resentimiento, personas que no necesitan desnudarse y tomar vino como si fuese una fiesta bastante descontrolada, y tampoco llenar de basura y grafitis la ciudad para demostrar su estado de “rebeldía” y “mente abierta”.

Como estos últimos podemos nombrar otras marchas que se realizaron tolerante y pacíficamente, como es el caso del “8N” en 2012, con personas que de buena manera se convocaron en distintos puntos del país para oponerse a la forma de gobernar de Cristina Kirchner. Como siempre, la movilización terminó en buenos términos.

“Dime con quién andas y te diré quién eres” decía Sócrates. Entonces, lo que queda por agregar, es que cada persona debe darse cuenta de qué lado se mantiene. Del lado de los intolerantes que se adjudican las banderas de la tolerancia y la paz; o del lado de las personas que salen por cuenta propia a reclamar por algo que no comparten y se mantienen dentro de los límites de la ley para hacerse escuchar.

 

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