Karl Marx, 200 años no fueron suficientes – Por Fabrizio Alba

Hoy, 5 de mayo de 2018, se cumplen 200 años del natalicio de Karl Marx, quien fue determinante en múltiples acontecimientos históricos, y aún lo sigue siendo. No sólo por sus ideas, sino también por todas aquellas que se derivaron de esta.

Si bien Karl Marx no es el fundador del pensamiento colectivista, es su más importante exponente. Pero no sólo por el trabajo intelectual que realizó, sino también porque a nivel global es quien mayor difusión e influencia logró. Bajo sus ideas, incontables colectivos se han organizado y/o armado para expandirlas o imponerlas al total de la sociedad en la que habitaban y hasta en territorios extranjeros.

Pero independientemente del nivel de influencia que haya tenido un sistema de ideas, mucho más importante son las consecuencias de su aplicación en la práctica, es decir, de los beneficios y maleficios que le han traído al mundo. En estos términos, claramente los ideales de Marx no han hecho más que propagar destrucción, hambre, miseria y muerte a lo largo y ancho del planeta.

Para lograr evidenciar el costo de su aplicación, diversas fuentes se han encargado de contabilizar las vidas humanas que ha implicado. El 6 de noviembre de 1997, se publicó “El libro negro del comunismo” (ELNDC), dentro del cual se detallan la cifras de muertes que conllevo la aplicación de esta ideología, las mismas fueron realizadas por un equipo de profesores universitarios e investigadores europeos del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS). A esta fuente se le suman investigaciones posteriores como las que realizaron los mismo Estados, o el United States Institute for Peace, Rudolph Rummel, Jun Chang, Yu Xiguang, Michael Kort, Steven Rosefielde, entre otros.

Si bien la extensión del artículo me impide detallar todas las cifras, nombraré los principales ejemplos: el más famoso es la Unión Soviética (21 millones de muertos), la República Popular de China de Mao Tse Tung (82 millones de muertos), Corea del Norte (4.6 millones), Vietnam (3.8 millones), Camboya (2.4 millones), Afganistán (1.5 millones), Yugoslavia (1.2 millones), Alemania Oriental (815 mil), Polonia (235 mil), Israel (83), etc.

No es mi intención confundir al lector y hacerle creer que sus consecuencias se encuentran del otro lado del Océano Atlántico y alejadas de América del Sur. En nuestro continente también han provocado inmensas tragedias, la mayoría bajo organizaciones terroristas subversivas como las FARC y el ELN en Colombia, que según el Registro Nacional de Víctimas y el Centro Nacional de Memoria Histórica provocaron la muerte de 106 mil personas, Sendero Luminoso en Perú según la Comisión de la Verdad y Reconciliación 38 mil víctimas, el Ejército Argentino adjudica 6.200 atentados, más de 1.700 secuestros y 1.501 asesinatos a Montoneros, ERP, FAR y muchas otras que actuaron en el territorio argentino, y, Tupamaros en Uruguay (66); a estas se le deben sumar Venezuela (252 mil), bajo el chavismo (marxismo-leninismo) desde 1999, y, Cuba (73 mil muertos), víctima del régimen castrista desde 1959.

Las cifras recién expuestas sólo representan la cantidad de muertos, no se encuentran incluidas las víctimas de la pobreza y miseria que provocan estas ideas, tampoco está incluido la cantidad de años y recursos que se pierden, ni el deterioro de las instituciones de los países. Fuera de lo cuantitativo, es imposible mensurar la decadencia cultural, política y social que provocan las ideas colectivistas. Sus males consecuentes, son infinitos.

Frente a todas estas desgracias que ha provocado, es increíble que sigan existiendo personas que crean, militen y difundan sus ideas. Pero mucho peor que apoyarlas, es que crean que con sus acciones difunden y luchan por ideas de bondad, amor, paz, por un mundo “mejor y más justo” o que tienen “conciencia y sensibilidad social”; justamente, al darle la espalda a la historia, están haciendo todo lo opuesto.

Muchas veces de parte de sus defensores, o de quienes desconocen, se escucha: “las ideas que propone son buenas, pero fueron muy mal aplicadas a la práctica”. Al decir esto, en realidad no hacen más que incrementar el volumen de su error.  El justificar de esta manera es banalizar todo el daño que han causado y exculparlo de la responsabilidad de los crímenes cometidos en su nombre. La frase correcta es: sus ideas son pésimas y, aplicadas a la realidad, son nefastas.

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