#SilencioMediático: del rechazo a la censura nace la contracultura – Por Mamela Fiallo

Con golpes, insultos y escupitajos, manifestantes feministas y LGBTQIA+ intentaron censurar un evento que expone cómo la nueva izquierda utiliza a estos grupos para alcanzar sus objetivos.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el evento que más concurrencia tuvo, superando incluso en número al premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, no tuvo cobertura mediática. “La Revolución Silenciosa, diálogo sobre la ideología de género y la revolución cultural” de Agustín Laje y Nicolás Márquez, los autores de El libro negro de la nueva izquierda, convocó a 1.200 personas, dejó fuera a cientos y a la salida los concurrentes y simpatizantes que no lograron entrar fueron recibidos por manifestantes en contra de la conferencia con agresiones.

Según indican los organizadores, la referencia de comparación surge ya que Vargas Llosa se presentó en el mismo salón que los escritores argentinos. Sin embargo, no se llenó tanto que fue necesario que haya espectadores sentados y la firma de libros en su caso duró alrededor de una hora y no más de tres, como sucedió en el caso de Laje y Márquez.

Alrededor de 600 personas se acercaron luego del panel para que los autores firmaran sus libros, cuya venta superó la cifra de concurrentes (pues varios llevaron más de uno por cabeza). Se armó una valla para custodiar a los concurrentes de los escupitajos, gritos, golpes e insultos por parte de los manifestantes feministas y LGBT que abogaban por la despenalización del aborto y en exigencia que se censure -e incluso criminalice- a oradores cuyos argumentos  denominan “discurso de odio”.

Tanto la convocatoria como el silencio mediático (que los escritores invocaron como lema frente a la falta de cobertura de lo sucedido) y la resistencia exponen no solo una hegemonía cultural, sino el porqué surge una contracultura tan vehementemente rechazada.

Para comprender este fenómeno social, los autores explican que cuando se derribó el Muro de Berlín y se desmoronó la Unión Soviética, la izquierda política se vio en la necesidad de reinventarse. La lucha del marxismo dejó de ser solo-la lucha de clases, entre proletarios y burgueses. La revolución adoptó la “transversalidad” como herramienta para agrupar a los “marginados”, de modo que los “sujetos de opresión” se sumasen a su causa. Esto incluye aspectos como raza, sexo, género, preferencia e identidad sexual.

Sin embargo, remarcan que fue agravado en ese momento histórico, pero no nació ahí. En 1848, Engels, sucesor de Marx, en su obra El Estado, la familia y la propiedad privada, consagra a la mujer como proletaria y al hombre como burgués, llevando así la lucha de clases a la guerra entre sexos.

Es decir, en lugar de considerar a las personas como individuos capaces de lograr sus objetivos y libres de alcanzarlos, más allá de aspectos de su identidad que no eligió, como los biológicos, como pregona el liberalismo, ubica a las personas en clases oprimidas u opresoras.

Por ello, de acuerdo con la lógica redistribucionista del socialismo, para lograr la igualdad, hay que quitar a unos para dar a otros. Entonces, a modo de “justicia social”, los autoproclamados grupos marginados, exigen la expropiación incluso de espacios público y privados de las supuestas clases privilegiadas en beneficio de quienes sostienen no lo son. Esto justificaría silenciar a los primeros, como es el caso de los escritores que expusieron en la Feria del Libro.

Nota publicada en: https://es.panampost.com/mamela-fiallo/2018/05/14/censura-contra-cultura-argentina/

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