El rol de los medios de comunicación frente a los hechos del mundo – Por Tomás Civetta

Son diversas las catástrofes que suceden en el mundo diariamente, y sin dudas en algunos sectores del globo se dan con más frecuencia que en otros. Por esto, me doy paso a tratar de comprender cuál es el rol de los medios de comunicación a la hora de tratar con mayor relevancia los hechos que golpean a la cultura occidental con respecto al resto del mundo.

Stuart Hall, de la Escuela de Birmingham, se diferenció a su vez de la Escuela de Frankfurt. Estos últimos consideraban que la televisión o los medios de comunicación eran pensados y usados para anestesiar las mentes de los receptores. Hall planteaba que los televidentes poseen un papel activo frente a la recepción que otorgan los medios. Estas formas de recibir los mensajes pueden ser aceptados, descartados o negociados y, de esta forma, los sujetos van a construir activamente significados. Un ejemplo de esto lo brinda Jaime Durán Barba en su libro con Santiago Nieto, Política en el siglo XXI, en el que muestra el triunfo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos con más de 650 medios de comunicación en contra y tan solo 13 a favor. El autor le otorga el triunfo del actual presidente a las redes sociales que son el gran motor de la información en esta nueva era y por lo tanto, complementado con lo que proponía Hall años atrás, el papel activo de la audiencia se hizo aún más notorio a tal punto que, como lo notamos, casi todas las personas son medios de comunicación utilizando sus cuentas de Facebook, Twitter, etc.

Por otra parte, es cierto que los grandes medios son capaces de generar una realidad y una agenda en las masas de la sociedad. Para exponer esto, nos vamos a valer de los conceptos de Antonio Gramsci cuando habla de hegemonía y contra hegemonía. Como primera medida, el italiano va a diferenciar lo que es dominación de hegemonía. Dominación significa el uso de la coerción, es decir, imponer el orden mediante la fuerza física o el ejército en un gobierno. La hegemonía, entonces, sería la dominación mediante un consenso, donde una clase impone a la otra (clase dominada) un sistema de significados propios, a grandes rasgos, hegemonía cultural. Esta forma de ejercer una dominación se difunde mediante mecanismos tales como la educación, la religión y los medios de comunicación y por lo tanto, los dominados concebirán tal dominación como algo “natural”.

Es importante también destacar que para Gramsci los sujetos no eran algo estático, sino que, estos eran capaces de re significar las imposiciones de la hegemonía mediante la lucha y el disenso por lo que esta no era  un proceso acabado. De esta manera, surge el concepto de contra hegemonía que explica tal y como lo decía Marx, que la realidad no es un proceso estático porque hay diferentes intereses y forma de percibir el mundo que están en constante conflicto.

Un pensamiento como el de Gramsci, que perfectamente puede ser adecuado a la realidad del siglo XXI, pero aún más con la definición de modernidad liquida que propuso Zygmund Bauman donde expone, que esta nueva era está en continuo proceso de cambio, donde los trabajos no son eternos, donde las personas se mueven constantemente de países a países, de casas a casas, cambian sus coches en pocos años y demás artefactos tecnológicos, etc.

Pero sin alejarnos del tema en cuestión, nos parece necesario adecuar todos estos conceptos a la investigación que aquí llevamos a cabo y para eso resulta inevitable indagar un poco más en profundidad dichos temas.  Por lo tanto, nos vamos a valer de los escritos del catedrático de periodismo especializado de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Fernández del Moral, quien se va a dedicar, en resumidas palabras, a explicar la mercantilización de los medios de comunicación.

Fernández del Moral sostiene tres puntos claves para explicar esto:

  1. Empresa de titularidad privada, donde el capital prescinde absolutamente de cualquier otro objetivo que no sea el de obtener beneficios. Aquí la información se mercantiliza al máximo y la única rentabilidad que se busca es la económica.
  2. Empresa de titularidad privada (institucional o personal) donde el capital se pone al servicio de una idea o un modelo de sociedad concretos. La rentabilidad aquí se mide en términos ideológicos, políticos o religiosos y apela a la incidencia en las resultantes de la opinión pública.
  3. Empresa de titularidad pública, El capital procede de presupuestos públicos y la rentabilidad es estrictamente social, poniéndose los medios al servicio de la comunidad.

Sin embargo, y tomando estos tres puntos de referencia, hay que reconocer (como también lo reconoce el autor), que hay matices que se pueden ir dando con mezclas y combinaciones entre las formas expuestas de medios de comunicación y que es probable que una de estas no se mantenga en estado puro.

Teniendo en cuenta estas tres formas, podemos encontrar distintas causas para explicar el por qué de la excesiva importancia que se le brinda a un atentado acontecido en países occidentales y por supuesto, a las principales capitales de dicho hemisferio, y no de igual manera a los lugares donde, valga la aclaración, suceden con mayor frecuencia, como Asia y África.

Tomando en cuenta el primer factor, es fácil darse cuenta que un medio privado quiere obtener un rédito económico como cualquier empresa de cualquier tipo. La única forma de lograrlo es conseguir la mayor cantidad de receptores posible y si tenemos en cuenta la investigación que aquí abordamos, hay que aclarar que lo que más vende a esta parte del mundo son los acontecimientos que a nosotros nos suceden. No es que nos sucedan de forma directa, sino más bien que un ataque terrorista a lugares donde la cultura es similar a la que pertenecemos.

Resulta imprescindible abarcar el tema de la cultura o las tradiciones. Retomando a la Escuela de Birmingham, Raymond Williams será de gran ayuda para explicar esto.

Hay tres aspectos dentro de cualquier proceso cultural: la tradición, las instituciones y las formaciones:

La tradición no es solamente la supervivencia del pasado, sino que es la expresión más evidente de las presiones y límites dominantes y hegemónicos. La tradición es el medio de incorporación práctico más poderoso. Williams se refiere a “tradición selectiva”  que es “una versión intencionalmente selectiva de un pasado configurativo y un presente pre configurado, que resulta entonces poderosamente operativo dentro del proceso de definición e identificación cultural y social”. Es selectiva porque a partir de un área total posible del pasado y el presente, dentro de una cultura particular, ciertos significados y prácticas son seleccionados y acentuados, y otros significados y prácticas son rechazados o excluidos. Lo que debe decirse entonces acerca de toda tradición es que, antes que ser una mera supervivencia del pasado, constituye un aspecto de la organización social y cultural contemporánea del interés de la dominación de una clase específica. Es una versión particular del pasado que pretende conectarse con el presente. En la práctica, la tradición es un sentido de predispuesta continuidad (lo más importante: la tradición es la selección de sucesos pasados que se rescatan en el presente y lo configuran, la selección es realizada y beneficia a los intereses de la clase hegemónica). La tradición ratifica siempre el orden contemporáneo.

La tradición es un proceso muy poderoso , ya que se halla ligado a una serie de continuidades prácticas- familias, lugares, instituciones, un idioma- que son directamente experimentadas. Por otro lado es también un proceso vulnerable ya que en la práctica debe descartar áreas de significación totales, reinterpretarlas, diluirlas o convertirlas en formas que sostengan –o al menos no contradigan- los elementos verdaderamente importante de la hegemonía habitual. Es un pasado que ratifica el presente y da indicaciones del futuro.

Por lo tanto, tomando los conceptos de tradición de Williams, de empresa de titularidad privada de Fernández del Moral e incluso, sumado a la mercantilización de los bienes de Karl Marx, podemos empezar a pensar que las noticias que trascienden a Occidente son aquellas que nos impactan como miembros de la cultura de esta parte del hemisferio y van a tener una mayor rentabilidad a la hora de ser vendidas al público. Por supuesto que un acontecimiento que golpea a un lugar en el que uno reside, tendrá un mayor impacto en la persona que aquellos sucesos que acontecen en otro sector al que uno no se siente identificado o perteneciente al mismo por una cuestión de cercanía (cultural, claro).

Pero tampoco esto último quiere contrariar a lo que  planteábamos al principio con respecto al rol activo del espectador. Al contrario, en la actualidad con las redes sociales por más globales que lleguen a ser, los individuos continúan teniendo su sentido de pertenencia y de igual manera sigue impactando más lo que sucede en Occidente (en caso de pertenecer a este) y no así lo que pasa en Medio Oriente, por ejemplo.

 

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