La cobardía abortista – Por Augusto Montamat

Es propia de quienes apoyan la causa criminal abortista la cobardía típica de quien oculta la verdad por miedo a perder ciertas comodidades, en este caso por miedo a la pérdida de poder que brindan la actualidad mediática, el manejo de la agenda política y la gran concurrencia en las calles.

Son diversas las razones por las que pienso que estar a favor del aborto es propio de a quienes en el habla corriente se les llama “cagón” o “gallina”, y en el transcurso de esta nota voy a enumerar algunas e intentar argumentarlas.

En primer lugar, considero que hay que ser muy cobarde para ser abortista y meterse con la vida del que no tiene la posibilidad de defenderse. Es muy fácil hablar por los que no tienen voz, y accionar sobre los que no tienen la posibilidad física de trasladarse a un lugar donde estar a salvo. Este avasallamiento hacia el más débil es un acto por demás cobarde y merece la condena de cualquier persona cabal y de valores. Y en cuanto a los que niegan la existencia de vida en el útero materno esquivando todo dato científico, no corresponde sentir otra cosa que pena por ellos, pues negar la vida habiendo todo tipo de pruebas que dicen lo contrario es darle la espalda al progreso de la humanidad.

Los abortistas son cobardes también por no animarse jamás al debate, y digo que no debaten porque las pocas veces en las que se han acercado a tratar el tema con quienes defendemos la vida, nunca han esgrimido un sólo fundamento válido que avale su postura, una sola medición estadística real, una sola prueba científica o biológica verídica; sólo están armados de eslóganes políticos e ideológicos vacíos de toda posible veracidad, frases hechas atractivas al público (¿quién en su sano juicio estaría en contra de que una persona tenga el derecho de decidir sobre su propio cuerpo?), y hasta tratos despectivos hacia sus oponentes, intentando deslegitimarlos atándolos a razones religiosas o simplemente “primitivas”. Discutir con argumentos sin sustentos comprobables no es propio de un debate serio, más bien se acerca a lo que sucede en programas televisivos como el payasesco show “Intratables”, donde la finalidad última es ganar puntos de rating y no defender un ideal como es la vida o se supone es el aborto.

Por eso digo que los abortistas no debaten, y esta característica los convierte en cobardes, acudir a la mentira y el engaño como recurso para imponer al otro un discurso plagado de falsedades; medida típica de los sectores políticos populistas que durante tanto tiempo manejaron y aún manejan este país, y que de alguna manera están detrás de este movimiento homicida, financiando y publicitando cada una de sus marchas y actos, con fines meramente políticos (el radiante oportunismo brilla como es costumbre en la clases dirigentes). Más cobardía. Podemos ver cómo diferentes estratos de la sociedad, como lo son los movimientos sociales y el sector político, utilizan el mismo modus operandi, agrupándose en un solo conjunto donde comparten la misma falta de valores éticos y morales.

La cobardía en quienes apoyan la causa abortista se puede explicar también, como dije al principio de esta nota, en el miedo que tienen estas personas o grupos políticos a la verdad. La historia de la humanidad ha demostrado que muchas veces la verdad incómoda, especialmente a los sectores mejor posicionados, y es común que estos últimos tomen las medidas necesarias para mantener sus comodidades y privilegios. Es por esto que muchas personas apolíticas aunque completamente ideologizadas desde su nacimiento (por lo tanto simpatizantes a causas de izquierda, como lo es el movimiento feminista), al ser abordadas por la cuestión del aborto prefieren quedarse en su zona de confort y fácilmente inclinarse a favor de esta medida, sin juzgar debidamente la situación, mucho menos informarse, pues la dictadura mediática que se vive en la actualidad, la necesidad de sentirse perteneciente a un grupo que brinde identidad propia en un contexto en el que abunda la falta de personalidad en las personas, y el miedo al rechazo y a la violencia tanto física como verbal y psicológica, se encargarán de juzgar por ellas mismas. Muchas personas viven en una mentira que los mantiene confortables voluntariamente, otras ni lo notan y lo hacen de forma inconsciente; mi adjetivación de cobarde se dirige principalmente al primer grupo.

Siendo aún más sintético, puedo decir que todo aquel que miente puede ser catalogado de cobarde. Y quien está a favor del aborto es un mentiroso crónico, un experto en la materia de la falacia. Están los que, como ya he señalado, no son conscientes del engaño al que están siendo arrastrados y pecan de ingenuos (son los llamados “idiotas útiles”). Pero esos son la minoría. Gran parte de los militantes por la legalización del asesinato sabe muy bien de qué se trata lo que están apoyando, y aun así deciden seguir con el juego, pues se necesita de mucha humildad para reconocer una mentira que se ha vuelto un estilo de vida, más todavía en una sociedad en la que abunda el orgullo.

El escritor es estudiante de Lic. en Ciencias de la Educación
y socio adherente de la Fundación Libre.

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