Un hito histórico – Por Laureano Brantiz Gómez

No muchas veces tenemos la oportunidad de presenciar hechos que trascenderán la historia como el visto el día de ayer en Singapur: la reunión cumbre entre el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, y el mandatario norcoreano, Kim Jong Un. Se trata del rompimiento oficial de las hostiles relaciones que Estados Unidos y Corea del Norte mantenían desde mediados del siglo XX, luego de la Guerra de Corea.

Lo que debemos preguntarnos ante semejante evento es, ¿en qué radica su importancia y trascendencia? Para responder esta pregunta se debe entender la relación de la historia de los países en cuestión (EEUU y Corea del Norte), y destacar la figura de los líderes de estas naciones que protagonizaron ayer el acontecimiento más importante del año.

La tensa relación mantenida por estos dos países debe encontrar sus principales causas en la Guerra de Corea, que enfrentó a Corea del Sur y Corea del Norte, la primera apoyada por Estados Unidos y que terminó por definir las actuales fronteras existentes en la península de Corea. Desde este enfrentamiento bélico, la relación entre el régimen comunista y el estadounidense no vio mejoras y se vio cada vez más socavada por numerosas acusaciones entre estas partes.

El otro punto de inflexión en esta relación refiere y recae en los actuales mandatarios de estos países. Tras las elecciones ganadas por Trump ante Clinton, se llevó adelante una tensión discursiva entre los países que transmitía inseguridad a la comunidad internacional en donde los mismos se jactaban de su poderío misilístico. Muchos analistas y periodistas pensaron que este intercambio de palabras conduciría a una escalada de violencia que se materializaría en conflicto.

Estos mensajes desafiantes entre Trump y Kim Jong Un, fueron acompañados por parte del líder occidental por una serie de sanciones económicas unilaterales y otras acompañadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la comunidad internacional que presionaron al régimen norcoreano a desistir en este enfrentamiento discursivo y que, con el excelente papel de mediación ejercido por el mandatario surcoreano Moon Jae-in, comenzaron el camino a un acercamiento formal entre la superpotencia mundial y Corea del Norte. Finalmente, este acercamiento lo vemos materializado en la reunión que ocurrió el día de ayer en Singapur, donde por primera vez en la historia un presidente estadounidense en ejercicio se reúne con el líder norcoreano en el poder.

Lo que sustenta y justifica este acercamiento y la firma de una declaración conjunta de Kim Jong Un y Trump, es: por el lado norteamericano, buscar la desnuclearización de la península de Corea y apaciguar la amenaza que suponía el régimen norcoreano; y, por el lado de Corea del Norte, que Estados Unidos ponga fin a los ejercicios militares que realiza en la península y cese sus sanciones para con el régimen.

Esta declaración, cuyos logros se verán a medida que avance el trabajo conjunto entre Estados Unidos y Corea del Norte, se suma a la lista de aciertos exitosos de Donald Trump en el breve ejercicio de su mandato, cuya consecución fue alcanzada por la férrea postura que encarnó en la ajetreada situación de conflicto discursivo.

Un hecho que quedará no sólo en su historia sino en la del mundo, gracias a su hábil estrategia negociadora. De esta manera, vuelve a demostrar su capacidad en el cargo y hace frente a toda una comunidad que busca verlo fracasar y que presuponía el peor de los desenlaces en la situación recientemente desarrollada.

Laureano Brantiz Gómez miembro del área de Relaciones Internacionlaes de la Fundación Libre.

 

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