El concepto clave que remite a los esfuerzos de nuestra Fundación es el de “batalla cultural”. ¿Pero qué es la “batalla cultural”? Aquí pretendemos explicarlo en breves palabras.

Existen batallas que no se pelean con armas, sino con ideas; batallas que no tienen por objetivo aniquilar material y físicamente al enemigo, sino que tienen por finalidad su aniquilación simbólica; batallas que no se desarrollan para conquistar un pedazo de tierra o para expropiar bienes materiales, sino para hegemonizar la manera en que las personas miran el mundo.

La cultura está formada por el conjunto de valores, normas, creencias, costumbres y modos y usos del lenguaje que dan sentido a la vida de un pueblo. Sobre aquélla la sociedad se desenvuelve, integrándose a partir de una visión más o menos homogénea del mundo, del rol del hombre en ese mundo, del modo justo de relacionarse entre los hombres y del modo de organizar la convivencia. La cultura es una red de significados sobre los cuales el hombre está suspendido y que él mismo ha tejido. El hombre hace cultura y es hecho, al mismo tiempo, de cultura.

Pero desde la Fundación LIBRE estamos convencidos de que la cultura no se configura sin fricciones. Al contrario: la cultura está sujeta a luchas cuyo objeto es definir su contenido. En efecto, tales fricciones son de carácter invisible para el grueso de la sociedad, pero no así sus efectos. De esto se trata la “batalla cultural”: una batalla en las sombras, en la cual la cultura es, a la vez, medio y fin de la confrontación. Medio, en tanto que el armamento de tal batalla está conformado por elementos culturales; fin, en tanto que la hegemonía cultural es lo que está en juego.

Esta y no otra es la “madre” de todas las luchas en una democracia: la lucha por influir en el modo en que piensa la gente. Las ideas, desde ya, tienen consecuencias. Y quienes con ellas trabajan, son los protagonistas de la batalla cultural: los intelectuales.

Por todo esto una veintena de intelectuales interdisciplinarios creamos la Fundación LIBRE: para de manera orgánica ser protagonistas de la batalla cultural que está en juego.